SALUD

Mitos y realidades de la 

menopausia

La menopausia representa el momento de vida a partir del cual dejan de producirse las hormonas sexuales femeninas, cuando termina la etapa reproductiva en la mujer. El 25% de las mujeres llegan a esta etapa entre los 40 y 45 años de edad, 50% entre los 45 y 50 y 25% restante a partir de los 50 años. 

 

No todas las mujeres presentan síntomas, 20% cursan sin malestar alguno mientras que en el 80% restante las molestias son muy variables, desde muy discretas y tolerables hasta muy severas y que afectan de manera significativa la calidad de vida.

 

Los malestares más importantes son: bochornos, cambios emocionales, resequedad vaginal, disminución de libido, trastornos del sueño y alteraciones en la estructura corporal por acumulación de grasa y pérdida de masa muscular. Por otro lado, la falta de hormonas sexuales incrementa los riesgos de osteoporosis, ataques al corazón y derrames cerebrales, degeneración macular y enfermedad de Alzheimer, entre otros.

¿Cuánto tiempo llega a durar la menopausia?

La sintomatología es variable, puede durar de 6 meses hasta 15 años. En realidad, desde que se interrumpe la producción de hormonas femeninas hasta la muerte. Esto significa que una mujer de 70, 80 o 90 años se encuentra en menopausia, aunque hayan pasado muchos años desde que desaparecieron sus malestares.

 

¿Qué alimentos ayudan a estabilizar el cuerpo durante la menopausia?

Alimentos como el camote y el frijol de soya ayudan a controlar los síntomas pero no tienen efecto protector para los huesos, sistema nervioso, cerebro, corazón u otros órganos. 

 

Tratamientos y recomendaciones

La decisión de tratar depende de la presencia y severidad de síntomas; de la existencia o el riesgo de aparición de complicaciones futuras; y de los efectos adversos potenciales del tratamiento en cada persona.

 

 

El reemplazo hormonal ha sido muy cuestionado. Por 30 años la comunidad médica prescribió hormonas sin reservas hasta que, en 2004, el estudio científico Women´s Health Initiative documentó que las hormonas sintéticas incrementaban la frecuencia de cáncer de mama, infartos cardiacos, piedras en la vesícula y formación de coágulos en las piernas. Esto generó gran incertidumbre, la comunidad médica suspendió los tratamientos dejando en total indefensión a muchas mujeres cuya sintomatología afectaba su calidad de vida. Algunas asumieron los riesgos con tal de sentirse mejor y esto dio la pauta a la eventual aparición de una alternativa en forma de hormonas bioidénticas.

 

Las hormonas bioidénticas provienen de un producto natural obtenido del frijol de soya y el camote, la diosgenina. A partir de éste se producen el estradiol y otras hormonas sexuales. Siendo derivadas de plantas, la industria farmacéutica no puede patentarlas, lo que le impide lucrar con ellas, de ahí que no se apoye esta línea de tratamiento y se bloquee a cualquier compañía que emprenda su elaboración y comercialización.

Debe considerarse que el remplazo hormonal no es una situación independiente de lo que ocurre en el resto del organismo. El uso indiscriminado de hormonas puede asociarse a efectos adversos como retención de líquido, aumento de peso, dolores de cabeza, congestión y dolor mamario, depresión y otros. 

 

Las hormonas bioidénticas tienen varias presentaciones. La progesterona en su forma oral se recomienda por las noches ya que es inductora del sueño, favorece la producción de GABA, un neurotransmisor específico que participa en el sueño, y ejerce un efecto tranquilizante. Los estrógenos y la testosterona pueden administrarse como cremas de absorción cutánea o vaginal.

 

Recientemente se ha popularizado la colocación por debajo de la piel de pequeños dispositivos impregnados con altas concentraciones de hormonas denominados pellets. Aunque muchos médicos promueven esta técnica, el doctor Alexander O. Krouham, de la Clínica Vita Plenus, no considera que represente ventaja alguna respecto a la aplicación por cremas. Argumenta que el pellet produce altas concentraciones de hormonas en sangre durante las primeras semanas, seguido de disminución progresiva de los niveles y un efecto neto de fluctuaciones importantes a lo largo de su vida media de 4 a 8 meses, lo que no sucede con las cremas con las que se mantienen concentraciones mucho más estables.

 

Finalmente, es fundamental tener presente la relevancia del estilo de vida. Un sueño de óptima calidad; la práctica regular de ejercicio físico; control de estrés; conservar relaciones interpersonales sanas, fuertes y siempre gratificantes; y una alimentación sana y variada, conformada por alimentos naturales, frescos, no procesados, con bajo índice glicémico y sin carga alergénica o antigénica. En conjunto, estas medidas determinarán la necesidad y el efecto de tratamiento hormonal sexual.

  

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